MEDALLAS CONTEMPORÁNEAS ACUÑADAS EN AMÉRICA CON MOTIVO DE LA SUBLEVACIÓN DE TÚPAC AMARU

Por Fernado Chao (H)


Medallas Coloniales Hispano Americanas

En 1764 se crean en España, las medallas AL MERITO para ser entregadas exclusivamente en América y son las primeras en su tipo. Con ellas se premia a los que conforman las milicias urbanas, tanto sean españoles como criollos o esclavos libertos. En un primer momento quedan excluidos los esclavos y los indios, pero luego se decide utilizarlas como constancia de paz entre las diversas tribus con sus caciques a la cabeza y su Majestad Católica.


José Gabriel Condorcanqui 1738/1781 descendiente de Túpac Amaru I muerto en 1572, viaja en 1776 a Lima en procura de un título de nobleza o ser reconocido en la categoría de Inca, como había sucedido en su momento con el Inca Gracilaso de la Vega.
En 1778, la situación política internacional, es altamente compleja para los españoles por la guerra declarada a Inglaterra, conjuntamente con Francia y con motivo de los auxilios brindados a los independentistas norteamericanos.
El 14 de noviembre de 1780 se produce la primera sublevación contra el corregidor Antonio de Arriaga, corrupto explotador de sus administrados,  quien es capturado y muerto por las turbas de los indios.
Se produce un reclamo por parte de Condorcanqui para lograr la eliminación de la mita, el mayor control sobre los corregidores y la apertura de otro tribunal de justicia al que poder acudir, fuera de Lima.
En diciembre 1780 se produce en Sangará, la derrota de un ejército español de 1.200 hombres que había sido enviado por el Virrey. Éste, complicado por las precauciones que debía tomar frente a posibles ataques ingleses sobre el territorio a su cargo, subestimó la cantidad y capacidad de los sublevados.
Esta victoria, transformó el conflicto provocado por un reclamo de intereses que afectaban no solo a los aborígenes, sino también a todos los habitantes del interior, en una guerra étnica. Es en ese contexto que Condorcanqui asume el título de Túpac Amaru II y se proclama el sucesor de su antepasado.
El obispo de Cuzco, con quien Túpac Amaru había tenido buenas relaciones, al tenerlo frente a las puertas de la ciudad para sitiarla, lo excomulga y logra que él no penetre a la misma y en cambio se retira a Tungasuca
El 8 de enero de 1781 es derrotado por un nuevo ejército, esta vez mucho más profesional, enviado desde Lima.
En los días 5 y 6 de abril de 1781 tiene lugar la batalla de Checacupe y allí, Túpac es definitivamente derrotado y tomado prisionero.
Es juzgado y condenado a muerte el 18 de mayo de 1781.
Mientras tanto, la ciudad de la Paz sufre un prolongado asedio por los indios que respondían a Túpac Catari, un indio que se apropia de una identidad con la que relaciona el tan respetado Tomás Catari (asesinado por los españoles) y a Túpac Amaru. Es vencido y ajusticiado junto con su mujer.
Diego Cristóbal Condorcanqui (primo de José Gabriel) toma la jefatura y continúa con los reclamos. Mucho más hábil diplomático que su antecesor y ante la evidencia de los hechos de corrupción, llega a un acuerdo con las autoridades de Lima. Se suprime la Mita, se controlará mucho más a los corregidores y se creará un tribunal en Chuquisaca. Es así que se firma la paz en enero de 1782 pero en los vastos territorios que se extienden desde Colombia hasta la zona de nuestro Cuyo, siguen los remezones y sobresaltos hasta fines de 1783.

Las medallas a través de los autores y los documentos encontrados.

 

En primer lugar, Alejandro Rosa en su libro “Monedas y Medallas de la República Argentina”, aparecido en 1898 transcribe un conjunto de documentos y da la descripción de una de las medallas. Ésta se encontraba en la colección Lamas y no se puede reproducir pues su propietario había fallecido unos años antes. En el apéndice, da a conocer un grupo de documentos hasta entonces inéditos pero llega a conclusiones erradas, desconociendo la pieza de Lamas y que él mismo describe, como una de las acuñadas con motivo del levantamiento. Es curioso pues también trae datos documentales de una pieza acuñada en Potosí en 1781 por orden del intendente de Charcas – la que sería la medalla en cuestión – y asimismo de otra, desconocida, acuñada por disposición del ministro de Indias para 1783. También copia al concluir el estudio de estas “posibles” acuñaciones, documentos y datos sobre una pieza mandada fabricar en el Cuzco por el obispo Moscoso y Peralta. El segundo estudioso que trata este tema es José Toribio Medina, quien en 1900 publica un trabajo titulado “Medallas Coloniales Hispano Americanas”, en el que repite y transcribe todo lo escrito por Rosa, da como buena la que se hallaba en la colección Lamas, pero duda de la pieza mandada acuñar en Potosí (documentos que recoge Rosa) porque transcribe legajos encontrados por él en los que se ordena una acuñación totalmente similar pero en Lima, pieza que él informa desconocer. Recién en 1976, Cunietti – Ferrando adquiere y da a conocer la pieza oficial acuñada en Potosí en 1783, documentada por Rosa y dudosa para Medina. De su colección pasa a la colección Derman, la que es subastada en España donde hoy se halla. Esta pieza es única. Para la fabricación de su cuño, en la ceca habían utilizado un punzón de los que se usaban para confeccionar los cuños.


de las piezas de cuatro reales. El reverso tiene un cierto vuelo artístico y hace referencia a que se entrega “En Premio a la Fidelidad” de los indios.

 Es igualmente Cunietti – Ferrando quien en  1989 encuentra en el museo “Fernández Blanco” de Buenos Aires, la primera pieza mencionada y que motivara un gran intercambio de correspondencia con Buenos Aires y con la Metrópolis, aquella que había pertenecido a Andrés Lamas y había sido subastada en 1905.
Esta primera medalla – cronológicamente hablando – fue solicitada en 1781 por el Presidente de la Audiencia de Charcas (o La Plata) Jerónimo Manuel de Ruedas quien aterrado por la violencia que había tomado a esas alturas la sublevación y al verse a merced de los indios, manda fabricarla en Potosí para entregarla a caciques fieles de la zona, los que no se habían sublevado y por el contrario, se habían ofrecido a defender la villa. Notas a Vértiz explicando toda esta cuestión, motivaron dictámenes del abogado del virreinato y más tarde, el envío a España de toda esta documentación. Gálvez (ministro de Indias) finalmente justifica la medida tomada por Ruedas, pero además ordena la acuñación en Potosí de la segunda. Para la acuñación de este primer ejemplar, el retrato del rey había sido sacado de una matriz utilizada para las monedas de 4 escudos de oro. El reverso, simple y elemental, tiene un diseño de una cartela con contornos barrocos.

En cuanto a su leyenda, menciona que se entrega en premio a la “Lealtad” de los caciques fieles, término que como ya hemos visto, se reemplazará dos años más tarde por la palabra “Fidelidad”.

En 2010 doy a conocer la pieza acuñada en el Cuzco por Moscoso y Peralta. Este ejemplar que también había formado parte de la colección Derman, se había ofrecido en la misma subasta. La amistad personal de su Eminencia con Túpac Amaru, las reuniones mantenidas con él durante la revuelta y luego con su primo Diego lo hicieron sospechoso de connivencia con los sublevados. Acusado por varios testigos, es enviado a Lima en 1783. Parte a España sin ninguna sentencia en 1785 y es finalmente absuelto allí en 1789. No se le permite regresar a América, ocupando luego y hasta su muerte en 1811 el Arzobispado  de Granada.

Como modelo para el anverso de esta pieza, que es fundida por un platero local, se utilizó una medalla acuñada en España en 1776 para el Montepío de los Cosecheros de Málaga. El reverso que fue originalmente liso, lleva grabadas las palabras AL MERITO, junto con una cruz de Malta que explica el carácter de la jerarquía religiosa de su otorgante. La pieza ha sido dorada al mercurio, lo que nos hace suponer que a pesar de que el señor Obispo informase su donación de cuatro medallas en oro, éstas solamente fueron en plata con un “baño” de oro, lo que no es exactamente igual.
Hasta ese momento habían aparecido a lo largo de los años, las dos piezas acuñadas en Potosí en 1781 y 1783 y aquella entregada en el Cuzco por Moscoso y Peralta.
En 2011, el estudioso y coleccionista estadounidense Skyler Liechty, me envía una imagen de un ejemplar que hace poco ha adquirido, para que le informe si tengo algún dato que permita ubicarlo. A pesar de que ya se había subastado en los Estados Unidos en los años 80, no había sido identificado ni siquiera como peruano, a pesar de que la imagen de su anverso se conocía por Medina como limeña.

Dicho anverso había sido publicado en la obra de Medina de 1919, un suplemento a aquella de 1900 con los nuevos ejemplares aparecidos, pero unido con un reverso de época notablemente republicana. Se había hecho fabricar esa combinación a pedido del autor chileno en la ceca de Lima, donde aún se conservaban los cuños. No solamente hizo crear este híbrido, sino que le atribuyó su origen a la entrada del nuevo Virrey Amat en Lima en 1761, una aberración cronológica con un simple estudio del retrato del Rey.
Por supuesto esta acuñación conmemorativa de la llegada de un Virrey jamás podría haberse efectuado sin la autorización real y por otra parte, el busto del rey está tomado de grabados posteriores a 1764.
En resumen, se trata de la pieza, cuya documentación había rescatado Medina, hecha acuñar en Lima para reemplazar aquellas onzas de oro a las que se había soldado un aro y que pendientes de una cinta encarnada se habían entregado como reconocimiento a los caciques que habían permanecido fieles al rey. Para esta acuñación se debe utilizar como modelo y por disposición del Ministro Gálvez, una medalla “Al Mérito” de las que habían sido enviadas desde Europa a Lima para premiar a las Milicias locales que habían actuado contra el alzamiento. En este caso, el grabador copia el busto real – creado por Tomás Francisco Prieto en 1764 – incidiendo con un buril y trasladándolo directamente al cuño,  como lo comprobamos al invertir la imagen. Ello provoca que las piezas luego acuñadas presenten el busto de Carlos III mirando en sentido contrario al que fue siempre norma en las acuñaciones de este Rey, haciendo de esta pieza, la única excepción.

El reverso que se graba, también reproduce la misma corona de laureles de la condecoración citada, y lleva nuevamente la leyenda “En Premio a la Fidelidad”, como se había dispuesto para la potosina de 1783.
El término “Fidelidad” quedará desde este momento como una constante para todas las medallas con las que se premie a los aborígenes y perdurará aún ya bastante avanzado el siglo XIX en piezas de Carlos IV y Fernando VII.
Por último es importante hacer notar dos condiciones que se han presentado  con este conjunto de piezas. A pesar de que la documentación sobre su existencia se conocía desde fines del siglo XIX, se tardó casi 230 años desde su fabricación, en poder finalmente conocer las cuatro variedades.
Por otra parte, el aprecio y el valor que tenían intrínseco, hizo que los premios en oro entregados en aquel momento se perdiesen y únicamente perdurasen aquellos acuñados en plata, de los que han aparecido hasta el momento, tan solo un ejemplar de cada una de las variedades. Se ha completado finalmente  con esta catalogación total, la labor comenzada por nuestro compatriota y colega en el Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades, Don Alejandro Rosa a fines del siglo XIX.

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